No me creí capaz de salir de allí. Al fin y al cabo, él era mi vida.
Fue el primer hombre al que amé, pero ahora pongo en duda si él me correspondía.
Todo empezó un día, tuvimos una fuerte discusión, y de repente, me abofeteó la cara haciéndome caer al suelo, el mundo se paró en ese instante. Yo me conformé con un perdón y una cena romántica en un restaurante.
Ha pasado mucho tiempo desde que sucedió eso, o quizás no tanto, no puedo saberlo, aquí dentro no tengo ni una mísera ventana por la que entre la luz.
Cada día tengo miedo a despertarme, a seguir viva; puesto que cada día me espera una nueva paliza. Pero no es eso lo que más me duele, lo que duele en realidad, es que le quiero y que no puedo salir de aquí aunque tampoco me veo capaz.
Cada día,me miro al espejo y me veo los moratones que abundan en mi cuerpo me digo que quizás es culpa mía, que no soy lo demasiado buena para él pero luego pienso y me pregunto si esa es la vida que he decidido yo, si la he elegido, la única respuesta es: no.
Un día llegó borracho y entró en la habitación dispuesto a pegarme otra de sus brutales palizas, yo me atreví a preguntarle si alguna vez me había querido, si por un momento él había pensado en lo importante que había sido para mí, no obtuve respuesta alguna.
Se fue a la cocina y entró con un gran cuchillo en la mano, había llegado mi hora. No tenía miedo y por supuesto no iba a oponer resistencia.
Mientras apuñalaba mi cuerpo, pensé en todo lo que había perdido y lo que iba a perderme. No volvería a ver la luz del día, no vería crecer a mis hijos, no envejecería junto al hombre que había amado, no volvería a ver aquella sonrisa de mi hijo pequeño que me había dado fuerzas para no rendirme.
Nunca más volvería a ser esclava de la vida, una vida que yo no había elegido, si no que me había tocado injustamente.
Por fin podría volar sin alas, por fin sentí que era libre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario